La mayoría de los mamíferos transpiran, lo que les enfría la piel cuando dicha transpiración se evapora.
Los mamíferos poseen cerebro grande y su sistema sensorial y circulatorio son complejos. Ellos dependenden su sentido del olfato más que cualquier otra especie animal. Utilizan los olores para comunicarse entre los miembros, para marcar las fronteras de un territorio, para hallar comida y para detectar la proximidad de un depredador.
Durante el periodo de lactancia (Alimentación con leche), y también mientras las crías aprenden a alimentarse por sí mismas, la madre protegerá a sus hijos de los depredadores. Algunas hembras crían a sus hijos solas, mientras que otras comparten la tarea con el padre o con otros miembros del grupo.
La mayoría de los mamíferos, excepto los monotremas, son vivíparas (fuera del huevo). Los pequeños mamíferos pueden dar a luz a varias crías a la vez. Las crías de los grandes mamíferos tardan más tiempo para crecer y alcanzar su tamaño definitivo, y necesitan más cuidados, por eso es más pequeña la cantidad de crías que tienen por vez, con frecuencia solamente una.
En contraste, los animales que viven en los espacios abiertos, como los caballos, pueden caminar y hasta correr apenas unos minutos después de su nacimiento. Si aparece un depredador, deben escapar con el resto de la manada.
Los carnívoros, como los leones, también cazan juntos utilizando su fuerza y su habilidad para matar animales más grandes de los que podrían atrapar solos.